
El escritor mexicano Carlos Monsiváis falleció 19 de junio en el área de terapia intensiva del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, por insuficiencia respiratoria, informó la Secretaría de Salud.
A partir de las 21 horas, los restos del escritor serán trasladados al Museo de la Ciudad de México, ubicado en avenida Pino Suárez 30, Centro Histórico, informó la Secretaría de Cultura.
Desde el pasado 2 de abril, el autor de “Amor perdido” ingresó a este centro hospitalario para recibir tratamiento; sin embargo, en las últimas semanas su estado de salud se complicó.
Carlos Monsiváis Aceves nació en Ciudad de México el 4 de mayo de 1938. Crítico e irónico, el autor fue según el poeta José Emilio Pacheco, el único escritor “que la gente reconoce en la calle”.
Considerado un gran cronista de la vida cotidiana de los mexicanos, del arte y de sus personajes populares, escribió multitud de ensayos, un libro de fábulas, asi como biografías de personajes que han dejado huella en la vida mexicana como Salvador Novo.
Estudió en la Facultad de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue uno de los participantes del movimiento estudiantil de 1968 que, según los mexicanos, abrió una puerta a la democracia.
Con un trabajo diario en la prensa escrita y en la televisión, así como en foros públicos, Monsiváis fue uno de los grandes difusores de la cultura mexicana.
El escritor fue sido distinguido con numerosos premios, entre ellos el Príncipe Claus que otorga Holanda (1998), la medalla Gabriela Mistral que entrega Chile (2001) y el Premio FIL de Literatura de Guadalajara (antes Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo) de 2006, así como con un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Arizona (2006).
Recientemente la escritora y amiga personal de Mosiváis, Elena Poniatowska, quien estuvo en Los Angeles, California para dar una conferencia en el Centro de Artes de Eagle Rock, lamentó la gravedad de la salud del escritor.
En esa noche, dijo que no le canlentaba ni el sol por su amigo exclamando ¿qué vamos hacer sin él?
