
William Perez destaca en su libro que una vez que miles der jóvenes terminan sus carreras no pueden ejercer por falta de documentos legales.
Preocupado por los cientos de jóvenes estudiantes y profesionistas indocumentados que logran su titulación con muchos sacrificios, pero que no pueden ejercer sus respectivas carreras por falta de documentos legales, el profesor de Claremont Graduate University, William Perez, escribió el libro We are Americans: Undocumented Students Pursing the American Dreams.
Perez dijo que decidió escribir el libro para informar a la sociedad estadounidense la situación que viven estos jóvenes, para manifestar la necesidad de impulsar una reforma migratoria y para que tomen en cuenta la aprobación del proyecto de la Ley Dream Act en beneficio de todo el país.
Destacó que los estudiantes indocumentados se ven obligados a trabajar más de 40 horas a la semana para poder estudiar una carrera universitaria, además de enfrentar importantes obstáculos culturales y de discriminación.
Pero eso no es todo, los jóvenes que con muchos sacrificios logran terminar sus estudios y obtener su título univertsitario se encuentran con otra barrera más: no pueden ejercer profesionalmente debido a su falta de documentos legales, lo que no sólo los afecta a ellos, sino también al país.
“Empecé con este proyecto de investigación en el 2006 y fue así que llegué a conocer que en este país hay más de tres millones de estudiantes indocumentados que han crecido con una identidad estadounidense con el inglés como idioma preferido, y que el 65 por ciento de ellos, casi dos millones, se encuentran en California”, apuntó. “La mayoría de estas personas no conocen su estado legal hasta que van a entrar a la preparatoria o a la Universidad, lo que tiene un impacto profundo en sus vidas”.

Ángel Saavedra tiene un degree en Bachelor of Business Administration in Marketing, pero trabaja en la construcción.
Y ese es el caso de Ángel Saavedra, quien dijo que a pesar de tener un Bachelor of Business Administration in Marketing degree hace un año, sigue trabajando en la construcción por falta de documentación legal en este país.
“Como muchos estudiantes, llegué con mis padres de jovencito. Comencé en High School y saque muy buenos grados, despues fui a la Universidad porque por mis grados me aceptaron, cursé seis años en la Universidad, trabajaba en la noche y en la mañana iba a la escuela de ocho de la mañana a las cinco de la tarde, y por la noche entraba a trabajar de diez de la noche hasta las seis de la mañana siguiente como operador de una máquina para estructuras de barro.
“Era un trabajo sucio, como el que ahora hago de vez en cuando porque con esto de la crisis, el trabajo de la construcción bajó, pero nunca me importó trabajar en lo que fuera porque me interesaba terminar mi carrera”, explicó Saavedra. “Desgraciadamente, no puedo trabajar en lo mío porque no tengo los papeles, nadie me da trabajo, por eso mi única esperanza es una reforma migratoria”.
Perez dijo que el 65 por ciento del total de estudiantes indocumentados que hay en Estados Unidos, son de Latinoamérica y de esos, el 85 por ciento son de México.
“En las conversaciones que tuve con ellos me dijeron que están muy desconcertados porque durante toda su ninez escucharon que para salir adelante hay que estudiar, y cuando intentan seguir con sus estudios superiores se dan cuenta de su realidad”, comentó el autor. “Eso hace que esos jóvenes pasen por un tiempo de desilusión o se enojan con sus padres porque no les dijeron antes, pero ellos lo hacen porque quieren protegerlos”.
Perez expresó que una vez que superan su decepción, muchos de esos estudiantes piensan que al igual que sus padres se han sacrificado mucho para progresar y deciden no dejarse vencer y siguen adelante para alcanzar sus sueños.
“El obstáculo más grande que enfrentan es el económico, porque no califican para recibir ningún tipo de asistencia financiera del gobierno o de la Universidad”, abundó. “Lo que tienen que hacer esos jóvenes indocumentados que quieren seguir con sus estudios universitarios es que tienen que pagarlo todo por su propia cuenta.
“Entonces lo que les toca hacer es laborar en varios trabajos”, agregó Perez. “Muchos de ellos con jornadas de más de 40 horas mientras que están inscritos tiempo completo en los estudios”.
Senialó que los trabajos que realizan son muy pesados y que les pagan solamente el salario mínimo.
“Pero eso no es todo, cómo no califican para sacar licencia de conducir, tienen que usar la transportación pública y ese servicio en todo el país no es muy bueno”, agregó. “Además está el miedo que tienen de que pueden ser deportados en cualquier momento”.
Perez indicó que a pesar de todos estos obstáculos hay estudiantes que lograron terminar los estudios universitarios y obtener su título, pero las opciones que tienen son muy limitadas porque no pueden conseguir trabajo de su carrera debido a su condición legal, lo que representa una gran pérdida de talento para ellos y la sociedad estadounidense.
“No sabemos cuántos jóvenes graduados se encuentran en esta situación porque no quieren hablar de eso con desconocidos”, admitió. “Lo que conocemos es que cada ano, 65 mil estudiantes indocumentados por todo el país se gradúan de la preparatoria y de esos, entre el diez y el 20 por ciento pueden seguir con los estudios universitarios”.
Perez explicó que estos jóvenes también se sienten como ciudadanos de segunda clase, como si fueran invisibles porque no se reconocen todas las formas que aportan a la sociedad y eso lo usan en su campania a favor del proyecto de Ley Dream Act.
“Estos estudiantes hacen un alto nivel de trabajo voluntario y comunitario, que en las negociaciones nacionales sobre el proyecto de ley no se reconocen y eso los afecta de una forma muy negativa”, resaltó. “Aunque hay quienes a pesar de eso siguen adelante, pero hay muchos que no pueden continuar porque es muy pesado para ellos ese estado psicológico de invisibilidad”.
Posible se apruebe el proyecto de Ley Dream Act, según William Perez.
El autor mencionó que algo que ha hecho difícil la negociación y aprobación de este proyecto, así como el de la reforma migratoria es que la atención en el Congreso federal estaba centrada principalmente en la reforma de salud recién aprobada.
“Pero existen una gran posibilidad de que el proyecto de Ley Dream Act sea aprobado porque tiene el apoyo de los republicanos y los democrátas desde que fue presentada en el 2001”, agregó. “Sigue ese nivel de apoyo de los dos partidos, de todos los proyectos a favor de los indocumentados, éste es el que tiene la opción de poder pasar este año.
“También hay que tomar en cuenta que la movilización de los jóvenes estudiantes a nivel nacional ha ido en aumento desde Enero”, dijo Perez. “Están usando los nuevos medios de comunicación como facebook, twitter, para mandar ese mensaje a nivel nacional y lo que están haciendo es reclutando más patrocinadores para el Dream Act en forma gradual y además le están pidiendo a la gente que los apoyen escribiéndole a sus representantes”.
Explicó que muchos de estos estudiantes universitarios indocumentados hacen trabajo voluntario ayudando a las personas a registrarse para votar e invariablemente les piden que los apoyen en su causa.
El profesor anunció que en su trabajo de investigación también ha encontrado que en las escuelas no existe la capacidad para mantener el aprendizaje del idioma natal de los estudiantes, y que los maestros les prohiben hablar espanol aunque sea de forma social y eso se ha acentuado con la crisis económica.
“Eso es lamentable porque los estudiantes bilingUes tienen níveles de aprovechamiento académico más altos que los estudiantes que sólo hablan un idioma”, comentó. “Eso es algo que no se reconoce en el sistema escolar, y bueno las leyes son orientadas más por el racismo y otros estereotipos que existen más en este medio educativo que piensan que el espanol interfiere en el aprendizaje del ingles”.
Perez afirmó que los maestros también hacen sentir a los estudiantes avergonzados de sus orígenes o discriminados, cuando los reganan o les prohiben hablar en espanol con otros alumnos.
Anunció que para la realización de su libro We Are Americans: Undocumented Students Pursing The American Dreams entrevistó a más de cien estudiantes por todo el país y realizó una encuesta a casi 200 estudiantes para aprender mejor acerca de sus experiencias y también para informar al público estadounidense sobre esta situación y la necesidad de una reforma de migración basado en el proyecto de Ley de Dream Act.
Story
College professor’s book looks at academic achievements that often go unrewarded by employment due to immigration status, makes call for passage of federal Dream Act.
You could write a book about the challenges faced by young, undocumented immigrants who make many sacrifices to pursue higher education only to be locked out of their chosen fields due to their immigration status.
William Perez did.
Perez, PhD., is an applied development psychologist and member of the faculty at Claremont Graduate University in eastern Los Angeles County on a leafy campus where the problems of undocumented immigrants might seem to be far removed. Not for Perez, whose book is titled “We are Americans: Undocumented Students Pursuing the American Dream.”
Perez said he decided to write the book to inform American society about the situation faced by these young people, and to express the need for immigration reform and the adoption of the Dream Act, which would allow young, undocumented immigrants a chance for temporary legal residency if they have lived in the U.S. for at least five years, graduated from high school, plan to attend college, and have no criminal record. The Dream Act, as proposed, would give such youngsters six years of legal status to earn a two-year or four-year college degree or serve in the armed forces of the U.S. Students who meet those goals would have a chance for permanent residence. Those who do not would be returned to their orginal immigration status.
Perez makes the case for the undocumented, but also lays out a compelling argument that immigration reform and the Dream Act would also benefit the whole country. In making the case, he shines a light on the hurdles that undocumented students must clear in order to get a college education. Many must work more than 40 hours a week in order to pay for their studies, handling various other cultural barriers and forms of discrimination at the same time.
All of accounts for little, according to Perez, for many young people who manage to overcome those challenges only to that they cannot put their education to work in their chosen fields because they lack the legal documents.
“I started this research project in 2006 and that’s how I found out that there are more than three million students in this country who are illegal immigrants, who have grown up with an American identity, and English is their preferred language—and that 65 percent of them, nearly two million, are in California,” Perez said. “Most of these people do not know their legal status until they are about to start high school or college, which has a profound impact on their lives.”
That’s been the case for Angel Saavedra, who said he remains a construction worker despite earning a Bachelors of Business Administration degree in Marketing a year ago.
“Like many students, I arrived when I was a kid with my parents,” Saavedra said. “I started in high school and got very good grades, then I went to college where I was accepted because of my good grades. I went to college for six years, working nights and going to school in the mornings from eight to five in afternoon, and then in the evening going to work at ten until six the next morning as a machine operator for clay structures.”
Saavedra now sees a change in federal policy as the only avenue that will allow him the chance to land a job based on his college education.
“I can’t work in my area of studies because I have no papers,” he said. “No one will give me work, so my only hope is immigration reform.”
Perez said that 65 percent of the undocumented students who are in the U.S. are from Latin America, with the vast majority of them from Mexico.
“In the conversations I had with them, they said they were very confused because throughout their childhood they heard that in order to succeed you have to study, and when they try to continue their higher education they find out about their reality,” Perez said. “That causes those young people to go through a period of disappointment or anger with their parents because they were not told before—but the parents do that because they want to protect them.”
Perez said that once young college graduates overcome their disappointment, many of those students see parallels to the sacrifices their parents have made as immigrants. They often decide to keep going to achieve their dreams.
“The biggest obstacle they face is economic, because they don’t qualify for any financial assistance from the government or from the university,” he added. “What they have to do, those young undocumented immigrants who want to continue with their university studies, is that they have to pay for it on their own.”
The logistics of finding and keeping a job brings additional challenges.
“since they aren’t eligible for a driver’s license, they have to use public transportation, and that service is not very good throughout the country,” Perez said. “Then there is the fear that they may be deported at any moment.”
The numbers of undocumented students who overcome all of the challenges in obtaining an education only to be locked out of their chosen fields because of immigration status is hard to pin down, according to Perez, who said the situation amounts to a waste of talent, in any case.
“We don’t know how many graduating young people are in this situation, because they don’t want to talk about it with strangers,” he said. “What we do know is that every year, 65,000 undocumented students across the country graduate from high school and of those, between 10 and 20 percent can go to college.”

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